“Estoy harto de todas las religiones. La religión ha dividido a la gente. No creo que haya diferencia entre el Papa usando su sombrero grande, paseando entre feligreses con una cartera humeante y un africano pintándose la cara blanca y rezándole a una piedra — Howard Stern

Castigos eran los de antes

Fecha: enero 28th, 2010 | Lo dijo: | Categoría: Religión, Religiones

Las grandes crisis humanitarias suelen poner a los creyentes en la necesidad de meditar sobre el lugar que Dios ocupa en medio de semejante desastre. Más allá los ruegos a alguna divinidad para que ayude a sobrellevar la catástrofe que prefirió no evitar, también empiezan a tejerse suposiciones, algunas enunciadas como verdades evidentes, sobre el grado de participación del Todopoderoso en el suceso en sí. El reciente terremoto en Haití está plagado de ejemplos, muchos de los cuales fueron ya comentados en Alerta Religión.

Supongo que queda claro que para un ateo debatir sobre la responsabilidad o no de Dios en el terremoto tiene más o menos la misma trascendencia que meditar sobre las preferencias futbolísticas de Superman, aún cuando los textos que narran la vida de Superman tienen una coherencia interna mucho mayor que los textos fundamentales del cristianismo. Y es sobre esta coherencia (o más bien sobre la falta de ella)  que quería detenerme.

Para romper el hielo, el telepredicador evangelista Pat Robertson salió a decir que este terremoto es la consecuencia de un pacto con Satanás que hicieron los habitantes de Haití hace 200 años. Sus palabras fueron: “miles de muertos, porque los esclavos de Haití hicieron un pacto con el diablo para obtener su libertad”.

La Iglesia Católica, que oficialmente se preocupa un poco más que los cristianos fundamentalistas en mostrar un Dios bonachón, siguió varias estrategias. El obispo de San Sebastián José Ignacio Munilla minimizó el desastre afirmando que hay males peores, como por ejemplo “nuestra pobre situación espiritual”. Por su lado, el Arzobispo de la vecina República Dominicana dijo expresamente que el temblor no se trata de ningún castigo de Dios, aunque acepta que Él puede permitir estas tragedias “para golpear las conciencias de la gente insensible que ven la falta de todo de mucha gente pero no hace nada”. Algo así como una estrategia pedagógica de Dios.

Pero tambien hay católicos que apoyan la idea del castigo. En el blog Radio Cristiandad, donde se levantan las declaraciones del religioso dominicano, pueden leerse varios comentarios de católicos maltratando al obispo y afirmando que no se puede descartar que haya sido un castigo. Los comentarios se volvieron debate cuando una católica tuvo la inocente idea de afirmar que “Dios es amor” y que por lo tanto no puede ser el responsable de tanto sufrimiento. A continuación puede leerse un intercambio donde cada fanático despliega un arsenal de versículos para defender su fanatismo, dejando en claro que la Biblia es un compilado de leyendas primitivas tan incoherente que una afirmación puede tanto probarse como descartarse simplemente buscando el versículo y la interpretación adecuada.

Desde fuera, y aún sabiendo que de la Biblia no puede obtenerse ninguna enseñanza razonable, es posible encontrar antecedentes en las leyendas judeo-cristianas compatibles con una catástrofe como la de Haití. Claro que la Biblia fue compilada en tiempos en los que se asumía como legítimo convertir a la gente una religión por medio del miedo y los castigos, y entonces un Dios brutal y sanguinario venía como anillo al dedo a las religiones. El problema es que no parece tan simple adaptar la palabra de Dios (que para colmo entre sus atributos está el de ser inmutable y eterna) a estos tiempos, donde la violencia y el miedo ya no es tan bien visto ni son muy marketineros. Mostrar un dios distinto al que se mostraba hace un par de miles de años (y unas pocas décadas también) pero a su vez afirmar que se trata del mismo dios genera estos problemas.

A propósito de esto Richard Dawkins escribió una nota que fué publicada en The Washington Post y que aparece traducida en La Media Hostia. Allí intenta mostrar que negar la posibilidad del castigo divino puede ser muy políticamente correcto pero es un acto de hipocresía si se pretende asumir el mito judeocristiano como cierto. Después de todo, Robertson no inventó nada. Simplemente asumió que el Dios del Diluvio Universal y de Sodoma y Gomorra pudo estar nuevamente con un mal día.

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